jueves, 6 de mayo de 2010

6ª etapa. La piedra y mis deseos. 6-mayo-2010. Orense-Castro/Dozón

Distancia recorrida: 59,49 km.
Tiempo efectivo de pedaleo: 5h 15min. 14 seg.
V máx: 55,85 km/h.
V media: 11,32 km/h.

El día amanece algo tarde, sobre las 9h, con un cierto sol resacoso y perezoso que nos hace mover con cierta lentitud. Estamos pagando el peaje obligatorio de trasnochar. Es el cumpleaños de Yolanda y la felicitamos por la mañana. Bueno a mí se me olvidó en el primer encuentro, pero reaccioné a tiempo después de oir a Lucía cómo la felicitaba. Tras el desayuno en la cafetería, vamos a por la furgo y la acercamos al hotel , y vuelta a la rutina: sacamos las bicicletas y metemos los bártulos en ella, que se la lleva Yolanda a realizar su paseo diario por Galicia. La salida de Orense la realizamos callejeando siguiendo los mapas hasta que llegamos a Ponte Vella, el puente viejo de la ciudad, sobre el Miño, que baja muy caudaloso. Desde allí, seguimos las flechas que nos conducen hacia la salida de la ciudad. Pani y yo entramos en la iglesia de Santiago a sellar pero están a punto de comenzar la misa de 11 y un joven cura nos indica que no tienen sello y no podremos marcar otra casilla de la credencial. Misterios insondables, pero, no me lo creo. Seguimos hasta enlazar, por las calles de salida, con el grupo, cuando Pedro recuerda que no nos han devuelto los DNI en el hotel y no nos hemos acordado de pedírselos. Este olvido nos obligaría a realizar 4 km de vuelta a la capital y otros tantos hasta recuperar el punto de salida. Juan nos acompaña hasta el hotel.
 Aprovechamos el magnífico día soleado para hacernos unas fotos ,y volvemos a la salida, otra vez, de la ciudad. Seguimos las flechas por avenidas hasta que llegamos junto a la estación de ferrocarril, proseguimos hasta llegar a la zona industrial donde, en sus inmediaciones, se desarrollan las obras del AVE. Tomamos una carretera local a la derecha, en lugar del camino indicado, que es por donde ha seguido el grupo. Subimos hasta la Costiña de Canedo. Allí recuperamos a la gente, que llegan rendidos del cuestón que se han tenido que chupar. Hemos presenciado algo realmente inédito, una pelea, a muerte, de aberronchos en el bosque “Behind the musgo and behid the corteza”.
Los caminos siguen siendo, en ciertas zonas, unos auténticos fangales, arroyos y humedales. Se oyen los cantos de las ranas que es un placer. Existe un tramo verdaderamente duro puesto que circulas por una zona en la que el suelo está enlosado y estas grandes piedra van destrozando piernas y posaderas...

 Aprovecho un paraje de precioso arbolado boscoso por el que pasamos en medio de una laguna para lanzar mi piedra de los desos que me traje desde el mi pueblo, Auñón (GU) y que me dio mi madre.

En el comienzo del puente, y sobre sus milenarias piedras, de Ponte Mandrás, he visto un precioso lagarto tomando el sol en bikini y he parado al grupo haciéndoles señales para que no le espanten. Le retratamos como si de un equipo de reportajes de naturaleza viva se tratara.

Pasamos por la aldea de Ponte Mandrás. Y seguimos las indicaciones de las flechas pintadas en cualquier sitio para orientar al caminante.




Hemos parado a comer en la entrada de Cea y nos dicen en un restaurante que son más da las 15h y que no nos dan de comer. ¡Vaya ojo comercial que tienen! Somos 7 para comer y no les viene bien servir esas comidas. No sé, ellos son los del lucro cesante como dicen algunos iluminados de la política actual. Nos vamos a otro bar en el primer cruce de la N-525 y más de lo mismo. Por fin, en Casa Marica, comemos unos cocidos gallegos y unas fabadas con filetes. Algo normalito, pero con el famoso Pan de Cea. Ya lo he probado en varias ocasiones y veo que viene precedido de mucha fama pero creo que no es para tanto, algo me huele raro en este asunto. Estoy viendo muchos hornos profusamente señalizados. Se han dado una cierta propaganda para vender el producto con el sello de denominación de origen. Ahora está de moda esa modalidad de venta de algo unico. No lo veo claro. Me parece que no es para tanto y, sinceramente, he comido pan muchísimo mejor que éste en las dos Castillas, y en Extremadura.



Nos ponemos en marcha rumbo al monasterio de Oseira por carretera. La tarde soleada y tranquila acompaña al grupo de peregrinos los cuales pedalean animados hasta que llegan a las proximidades del Monasterio cisterciense de Santa María la Real de Oseira. Se trata de un edificio del siglo XII, majestuoso, gigantesco, colosal . Le llaman "El Escorial Gallego"por su grandiosidad. Como son horas intempestivas y llevamos algo de retraso sobre el horario programado no podemos visitar el monumental edificio. Además el horario de visitas terminó a mediodía.
Nos vamos a un bar que hay en la plazoletilla para reponer algunas fuerzas y aliviar vejigas. La tarde se está acabando y aún nos quedan algunos kilómetros (Alrededor de 17km. aprox.) por lo que debemos apresurarnos, reprogramar el recorrido restante y acortar cuanto podamos.  Tomamos un carreterín en ascenso que nos permite contemplar el monasterio y sus alrededores. Algo espectacular. Pasamos por Fontao, Carballediña y O Outeiro hasta retomar la N-525. Un kilómetro después entramos en la provincia de Pontevedra.


 Las fuerzas van justitas y a Ale la recoge el coche-escoba y la traslada a destino a falta de pocos km. porque vemos que su estado está al borde de la extenuación ¿Para qué sufrir teniendo los medios que disponemos?
Finalmente llegamos al albergue de Castro Dozón, que se encuentra a la salida del pueblo, algo apartado del casco urbano. Tras tomar posesión de las literas correspondientes, casi estaba lleno, e higienizarnos. Nos arreglamos, poquito, para cenar en un bar cercano de la salida del pueblo. Una cena normal y corriente pero agradable. Vuelta a los barracones y a dormir como unos benditos.
  Mañana acabamos el periplo. ¡Una pena!

Sellamos la credencial del peregrino, en Mandrás, Cea, Oseira, Castro/Dozón

miércoles, 5 de mayo de 2010

5ª etapa. Corredoiras y fango. 5-mayo-2010. Laza-Orense

Distancia recorrida: 59,79 km.
Tiempo efectivo de pedaleo: 4h 43min. 10 seg.
V máx: 49,78 km/h.
V media: 12,66 km/h.

El día amanece soleado y sin viento aparente. Se recogen los trastos y, como todos los días hacemos, se guardan en la “fragoneta de la Yoli”. Bajamos con las bicis a la plaza a desayunar. Zumos, tostadas, magdalenas, cafés con leches, lo habitual. Todo sirve para reponer fuerzas. Nos despedimos de esta buena gente y sellamos la credencial. Cuando salimos a la calle a por las bicicletas, me comenta la señora que si alguien le va a pagar los desayunos. Le paso el testigo al contable del grupo, el cual, sorprendido por el desgraciado olvido, se presta a satisfacer la factura a la mujer. Salimos del pueblo por carretera, por el valle del río Támega, con un paisaje de ribera muy agradable y con buena temperatura. Pasamos por Soutelo Verde. Como desde Protección Civil nos han aconsejado que subamos La Albeguería por carretera y no por camino, así lo hacemos. La subida por carretera es larga y en zig-zag, llega un momento en que piensas que a cada curva que llegas va a ser la última, se te va haciendo interminable. El paisaje es abrumador, con vistas increíbles a todo el valle. Se pueden ver pueblitos a la falda de la cuerda de montes que hay al otro lado del valle, a nuestra derecha . Por fín alcanzamos el alto a 910 m. y nos aproximamos hasta la localidad de Alberguería, hemos recorrido 8,5 km desde el anterior pueblo. El esfuerzo ha sido grande, me he pegado una sudada curiosa. Me goteaba hasta el final de la espalda... Entramos en un bar que es un mito del camino: El rincón del peregrino. Su dueño, Luis, ha decorado todas las paredes y el techo con las conchas de los peregrinos que han ido parando en su local. Hablamos un ratito con él y nos ofrece una concha y un rotulador para inmortalizarla con nuestros nombres. Cada uno ponemos el nuestro y El Rey de todos los Belgas tiene el detalle, que le honra, de inscribir a los ausentes: Marian y Juan Zugasti, así como a Yolanda, que aunque nos acompaña de otro modo, también se lo merece. Queda clavada a la izquierda del pasillo que conduce a la puerta de entrada. Nuestro amigo Juan, que es argentino de nacimiento, hace referencias evidentes al otro significado que por sus tierras les dan a las conchas. Carcajadas generales. Me tomo un vaso de leche caliente y miel de la zona (Me ofrece un tarro con una miel tan sólida que, sin estar fría, no se podía arrancar sin dificultad con la cuchara. Costaba trabajo, pero la degusté con placer ya que estaba exquisita. Aunque no tuviera la textura, el color dorado ni el aroma de las mieles alcarreñas, tan prestigiosas ellas.) para soportar el frío del viento que sopla hoy, también, a pesar del soleado día que nos hace. Coincidimos con un peregrino que anda el camino acompañado de un precioso ejemplar de perro pastor alemán, con una planta imponente (El perro, por supuesto...). Nos despedimos y proseguimos callejeando y salimos del pueblo donde nos encontramos caminos llenos de barro, encenagados y, con tanta agua que debemos pasarlos sobre grandes piedras de granito dispuestas A TAL FINNNNN. Llegamos a un alto donde, a la derecha del camino, una gran cruz de madera preside el entorno, debajo de ella, un peregrino de cierta edad come una pieza de fruta y nos responde al saludo que le hacemos. Delante de nosotros se extiende una llanura extensa, la comarca de La Limia.
Nos encontramos con un descenso de fuerte pendiente por camino de terreno pedregoso en el que, con técnica y desenfado, nos dejamos llevar hasta que, al final de la bajada, una curva a derechas y de 90 grados obliga a un brusco frenado y derrape para sortear el muro de piedra que se encuentra al frente. Proseguimos por unos camino llenos de barro, y mucha agua, que obligan a pasarlos por los bordes donde se encuentran piedras de granito que cumplen su función perfectamente para pasar sobre ellos sin encharcarte. Llegamos a Vilar de Barrio, donde se decide comprar unos víveres fiambreros en una tienda para comer algo rápido. Nos asentamos en un jardín del parque situado en la plaza del pueblo, que es un cruce de carreteras. Unos perros se han acercado por si les cae algo de comer por la jeta. Tras terminar reemprendemos el viaje excepto PeterChampion, que ha vuelto a pinchar. Solucionamos la avería y proseguimos nuestro camino por donde dicen las flechas. Hace sol pero el viento es frío, y como reza el dicho “Después de comer, el españolito fino siente frío”, pues eso, a dar pedales para que se pase el sopor y el fresquito en el cuerpo. Ha sobrado un paquete de pan tostado, que será compañero inseparable de Pani durante el resto del viaje (Algunos se echan unos amigos mçs raros...). Seguimos por carretera y pasamos por Bóveda y Vilar de Gomareite, desde donde nos desviamos por una extensa llanura de huerta y cañaverales. (Esta zona era la laguna de Antela, (Ver este otro enlace) que a finales de la década de los 50 fue desecada para cultivar y aprovechar sus fértiles tierras) Las pistas son rectas y largas, hacemos varios kilómetros enseguida y evitamos pasar por alguna población que, a estas horas, no nos va aportar nada de interés sino hacer mas distancia de ruta. De hecho, tras realizar una parada técnica para “desbeber”, mientras esperamos al grueso del pelotón, hemos preguntado a una mujer de nuestra edad que se acercaba con su escooter y se la veía con ganas, no sé si de entablar conversación o interés por ver el origen del chorro de mi amigo Pani... (ha habido cachondeito después de que se fuera la buena mujer) y nos ha comentado que si entramos al pueblo damos rodeo, que es mejor seguir por carretera. Pasamos por Bobadela, Padroso, Cimadevila, Quintela, por donde hemos ido por caminos enfangados, subidas y bajadas por corredoiras en los que los árboles hacen un espectacular túnel por el que pasamos en su interior. Llegados a Xunquiera de Ambía, nos detenemos a descansar y deleitarnos con la iglesia que vemos desde una escalinata frente a la misma. Como son las 16h, está cerrada y no la podemos visitar, pero sí se puede tomar un café en un bar de una calle cercana. Tras sellar, salimos de la localidad junto a un campo de fútbol de tierra, lo cual llama la atención por lo que de contraproducente supone ver el verdor del terreno que lo circunda. En bajada, y siguiendo las flechas marcadas, llegamos a un bonito puente romano, que salva un río en una zona arbolada muy relajante. Seguimos por carretera hacia Outorelo, A Pousa, Salgueiros, Gaspar, A Beirada, Ousende, Pereiras, Calvos (Aquí han aprovechado algunos componentes del grupo para retratarse en la placa que indica dicho nombre haciendo referencia a ciertas alopecias...) Ha quedado una tarde estupenda de sol y buen tiempo a pesar del viento que sigue acompañándonos. Estamos llegando a una zona de polígono industrial donde encontramos mucho tráfico y debemos circular con los cinco sentidos puestos para que no lamentemos ningún incidente. Antes de entrar en Orense paramos en una gasolinera para lavar las bicicletas pues se han puesto de barro que dá asco verlas. Callejeamos hasta llegar al albergue, que se halla en la parte alta de la ciudad y en un bonito edificio religioso muy antiguo, junto al cementerio. Tras sellar y hablar con el hospitalero, muy amable, por cierto, hemos, algunos, tomado la decisión de buscar otro alojamiento con la mejor intención de poder tener lugar libre de horarios nocturnos, que nos permitieran llegar a dormir a la hora que nos marcara una reposada y relajada cena con sus copichuelas de rigor. Tras un intercambio de pareceres contrapuestos hemos encontrado un hotelito céntrico donde quedarnos. Hemos ido a por la furgoneta para trasladar los bultos al hotel y nos hemos vuelto locos dando vueltas con el vehículo para localizar la entrada al casco antiguo. Por fin lo conseguimos y, con los ánimos un poco caldeados, nos llevamos las pertenencias a cada habitación. Después devolvemos la furgo a un lugar donde aparcarla en condiciones adecuadas.
Tras una ducha reparadora y aseo posterior, salimos a recorrer y visitar la ciudad. Preguntando se va a Roma. Y a cenar, en un lugar recomendado por algún lugareño. Distendida cena, que hay hambre. Nos ibamos a acostar cuando ha surgido la posibilidad de tomar la copa de rigor. Para colmo, encontramos un local A TAL FINNNN. En un pub, están los músicos enchufando sus instrumentos para iniciar el concierto, con lo que decidimos que ése va a ser el local adecuado. En efecto, hemos acertado pues suenan muy bien las versiones que interpretan y animan un montón (Dekins). Después de presentarnos como peregrinos y departir y hablar con algunos de ellos y con el cuñao del guitarrista y con la novia y con la hermana y con los camareros y con el del sombrero y con todo el mundo, al final hemos disfrutado de una velada magnífica... hasta las 2 y media de la madrugada...
Nos despedimos de ellos hasta más ver y nos vamos a la piltra a descansar. Y, pelillos a la mar.

Sellamos la credencial del peregrino, en Alberguería, Xunqueira de Ambía y Orense.

martes, 4 de mayo de 2010

4ª etapa. En Galicia. 4-mayo-2010. Lubián-Laza

Distancia recorrida: 65,24 km.
Tiempo efectivo de pedaleo: 5h 42min. 40 seg.
V máx: 62,26 km/h.
V media: 11,42 km/h.

El día amanece soleado pero con mucho viento frío, muchísimo frío, aunque el día era soleado y empezamos por zona a resguardo del viento.
Salimos de Casa Irene y atravesamos el pueblo por sus calles, recorriendo éstas y admirando las construcciones de las viviendas, y las fuentes de granito, hasta comenzar la cuesta abajo por camino hasta alcanzar un puente sobre el río Pedro, donde al mismo peregrino se le hacen retratos junto al cartel indicador de su río.
 Pasamos por una zona recreativa con mesas y barbacoas, junto a un campo de fútbol. Todo ésto está asentado junto a enormes pilares que sostienen el viaducto de la autovía que pasa sobre nuestras cabezas. Seguimos, ahora en ascenso duro pero corto, un hectómetro más o menos, hasta el Santuario de la Tuiza. El camino lo hacemos sobre los restos de asfalto de la antigua carretera nacional hasta que, más adelante, nos desviamos a la izquierda para seguir por camino rumbo al alto de La Canda. Comienza el ascenso por un camino precioso y exigente con más “empujing” que “pedaling”. Las vistas son excepcionales a medida que ascendemos. El camino es un entramado de peñascos húmedos, resbaladizos, barro, agua, zonas secas pero muy empinadas. Cruzamos algunos arroyos que ponen a prueba la destreza del personal sobre sus monturas o desmontando de ellas para atravesar a pie. La subida se hace larga y pesada por realizarla andando en muchos tramos pero ya casi alcanzamos la cima cuando se abre la vegetación y desaparecen los árboles. Es entonces cuando el viento se deja notar y es cuando se empina aún más el camino por culpa de las obras que realizan las empresas eléctricas que están montando torretas nuevas de electricidad y arrasan por donde pasan para abrirse paso. Tenemos que subir con las bicicletas a cuestas para sortear esa zona donde el desmonte nos obliga a un último esfuerzo considerable.
Llegados, al fín, al alto de La Portilla de La Canda, observamos las dos vertientes en una panorámica inmensa. Estamos en la frontera de dos provincias y dos regiones. Adiós Castilla. Bienvenida Galicia. Atrás Zamora, delante Orense. Nos detenemos a beber de la fuente del mirador de la antigua carretera N-525.
Ahora toca bajada divertida, con y sin viento. Seguimos las flechas.
 Vemos el primer mojón con la concha y la distancia en km. a Santiago, típica señal que está repartida por todo El Camino en Galicia. Seguimos por caminos pedregosos, otros en buen estado, otros enfangados. Pasamos por Vilavella, con su iglesia cerrada. Seguimos por caminos llenos de agua y barro, con losas graníticas para avanzar sin empaparte y a la sombra de los carballos, que en algunos casos forman auténticos túneles de lo frondoso que es su vegetación. Seguimos flechas y atravesamos O Pereiro y O Cañizo.
Salimos a carretera y ascendemos al alto Do Cañizo.
Paramos en A Gudiña a comer en Rte. Óscar y descansar del continuo azote del vendaval que sufrimos a campo abierto.

Tras la comida, pasamos por las calles del pueblo y nos detenemos en una placita en la cual hay flechas que indican que se bifurcan las variantes por Verín y por Laza. Nos vamos hacia Laza por una carreterilla local en continuo ascenso. A nuestra izquierda vemos los rescoldos humeantes de vegetación que ha debido prenderse fuego y ya está casi sofocado. A lo lejos llevamos toda la mañana viendo humo, síntoma inequívoco de algún incendio en el monte. Ahora estamos contemplando a dos hidroaviones que vienen y van cargados de agua para sofocar ese incendio. Toman agua del embalse de As Portas, que se encuentra a nuestros pies. Lo podemos observar desde nuestra atalaya privilegiada en lo alto de la cuerda del monte y cuyo paisaje es espectacular.
El viento es terrrible y nos obliga a circular inclinados hacia la derecha para contrarrestar la fuerza de Eolo. Me da la impresión que a la Calambres se la va a llevar volando el viento de un momento a otro. La vegetación es de matorral y debe estar acostumbrada a este tipo de meteorología
Coronamos el Alto do Espiño y llegamos a la Venda do Espiño, seguimos hasta Venda da Teresa. Hemos parado a charlar con una señora la cual, muy agradable, nos explica el camino a seguir. Proseguimos por Venda da Capela (y su estación de tren) y Venda do Bolaño. Se trata de asentamientos que, en tiempos prestaron servicios a los viajeros que transitaban por estas inhóspitas tierras. Durante toda la ascensión se ve la vía del ferrocarril, y los túneles por los que transcurre, bajo nuestros pies. A partir de aquí, el camino es extraordinario de disfrutar puesto que seguimos situados en la parte alta de la sierra y el paisaje se contempla en todo su esplendor bajo un sol que aplaca el frío producido por el huracán que sopla nuestros “cuerpos humanos”. Ahora toca un descenso por pista y asfalto que te hiela el cuerpo al pasar por zonas de umbría. Se alcanzan velocidades rondando los 60 km/h. Es una locura, en medio del imponente escenario que nos brinda la naturaleza, la velocidad que se alcanza y cómo se disfruta. En el fondo del valle se observan los prados de verde intenso y los regates que hace el río Camba por ellos. A doscientos metros del pueblo, me siento a descansar en un banco de madera fabricado por algún lugareño con una tabla sobre dos árboles juntos, mientras espero a algún rezagado. Reunidos, de nuevo, llegamos a Campobecerros por la carretera deleitándonos con la vista del parque de árboles de ribera que hay en la entrada. Una paradita para tomar un pequeño descanso y beber agua y repostar. En la salida vemos un monumento al típico Peliqueiro Antón que es como se disfrazan por estas tierras para celebrar el Carnaval, de honda raigambre tradicional. La salida se hace en cuesta arriba ¡Cómo no!, pica un poco.
Seguimos por Portocamba y ascendemos un buen trecho hasta el lugar donde existe una gran cruz de madera. A la sombra de la misma crucificamos a PeterChampion, el cual lo acepta con resignación por el bien del grupo. Sabe que todos le admiramos y esa acción le convierte en nuestro héroe y protomártir. Tomamos una pista de monte y seguimos el camino que se vuelve a empinar algo. Lo que viene a continuación es un regalito del cielo: enorme, difrutable y larga bajada hasta Laza por pista. Llegamos a la población y allí nos espera Yolanda, como siempre, con buen humor y los deberes hechos: ha conseguido habitación en el albergue para los 8. Yoli, eres un encanto. Vamos a protección civil para registrarnos en el albergue y sellar. El albergue está en la parte alta del pueblo y hasta allí nos dirigimos. Además, la buena noticia es que el albergue no cierra por la noche, tenemos llave de la entrada y de la habitación. Llegamos, es un edificio moderno de nueva construcción y funcional. Y ahora viene lo de cada día, acoplarse en la habitación, elegir litera, dejar los bártulos donde no obstaculicen el paso ni molesten a nadie y depositar su contenido en algún sitio para asearte y cambiarte de ropa. Todo se amontona en la cama y los demás hacen lo mismo, de tal manera que me siento tan agobiado como todos los días en ese instante. Las chaquetas se cuelgan de unas perchitas en la pared y enseguida se saturan de ropa. Cada vez soporto menos esta angustia, necesito espacio vital para moverme y no hay más sitio físico en la habitación. Me estoy replanteando en el futuro los lugares para descansar en los finales de etapas y los albergues los descarto. No estoy en edad. Me he vuelto cómodo. He visto que, aunque ha cambiado a mejor con los años la oferta para descanso peregrinal, no es precisamente ésto lo que me pide el cuerpo. Aseo y duchazo de agua caliente reconfortante, lavado de ropa, tenderla, ponerte la vestimenta de paseo y nos vamos a cenar. Llegamos a la plaza del pueblo y entramos en el bar a tomarnos unos botellines y preguntamos al dueño si dan cenas. Nos remite a la señora, que está en el piso superior. En esa especie de buhardilla tienen la cocina y unas mesas que ocupamos de inmediato mientras vemos a la buena señora cómo prepara la cena y atiende a los demás clientes. Sabe lo que se hace, en un momento ha preparado unas ensaladas, unos caldos gallegos, una carne asada con patatas, filetes... manjares que deleitamos regándolos con el vino de la tierra. La señora cocina muy bien y es agradable de trato. De hecho no se enfada con las bravuconadas que suelta PeterChampion con elegancia. Terminamos todo y nos vamos al albergue, que va haciendo sueño. Ahora comienza el “Tercer tiempo”: algunos empiezan a caer de inmediato en brazos de Morfeo y el concierto de berrea da comienzo al instante. Creo que me estoy durmiendo yo también. Estamos cansados. Hoy hemos pasado mucho frío.

Sellamos la credencial del peregrino, en A Gudiña y Laza.

lunes, 3 de mayo de 2010

3ª etapa. Primer puerto. 3-mayo-2010. Rionegro del Puente-Lubián.

Distancia recorrida: 74,32 km.
Tiempo efectivo de pedaleo: 5h 49min. 57 seg.
V máx: 54,36 km/h.
V media: 12,74 km/h.

El día amanece con sol pero frío y con viento. Intentamos levantarnos antes que otros días. A las 7 y media ya estamos en marcha para desayunar y salir pitando.
Hoy la etapa se prolonga 10 km más de lo que estaba previsto ya que ayer hicimos eso kilómetros de menos, así que debemos apretarnos los machos que el día va a ser completo, largo y duro.
Tomamos la salida por carretera y enseguida nos desviamos a la izquierda por pista. Transcurre el camino paralelo a la carretera. Atravesamos unos prados que engañan puesto que están empapados de agua y barro blando, blando. Lo mejor es no bajarse de la bicicleta o te pringas, pero este pedaleo requiere mucho esfuerzo, excesivo y no es productivo. Hubiera sido mejor continuar por carretera.
Llegamos a Mombuey y cruzamos la carretera para ver una iglesia que está cerrada y su espadaña amenaza con caer sobre el tejado por la inclinación que se observa.
Proseguimos hasta Valdemerilla y Cernadilla.
En San Salvador de Palazuelos contemplamos la iglesia de la Transfiguración del Señor y ascendemos, sin darnos un coscorrón con el canalón del tejadillo bajo el que pasamos, hasta el campanario para obtener unas buenas vistas de los alrededores.
Llegamos a Entrepeñas y contemplamos desde el exterior su ermita de la Sta. Cruz. El nombre de la localidad me recuerda al embalse que hay en mi pueblo y que se denomina igual. Foto al canto. Seguimos adelante observando al embalse de Cernadilla que está en las inmediaciones.
Mucho viento, un vendaval frío y desagradable. Llegamos a Puebla de Sanabria. Compramos comida en una tienda y comemos en una placita de la localidad a mitad de cuesta antes de llegar al castillo. Damos una vueltecita de turismo y seguimos camino por carretera. Pasamos por Terroso. Llegamos a Requejo, entramos en el bar-tienda Bañao. Pasamos, y sellamos la credencial del peregrino. Tomamos un vaso de leche y mucha miel para encarar con energías la subida a Padornelo. Mucho viento frío.
Subida al Padornelo por carretera a sugerencia de los lugareños, mejor que por camino. No tiene casi tráfico. Subida larga de unos 6 km. que se hacen bien. En el alto nos hacemos fotos y seguimos por el túnel. Las casualidades de la vida y la aplicación de algún teorema de Murphy nos hace encontrarnos de frente con la Meretérica, que, por suerte, siguieron su camino y nosotros el nuestro.
La bajada se hace a gran velocidad y por la cara soleada, que es más agradable, además de que el viento no sopla por esta vertiente lo cual hace que el descenso lo disfrutemos aún más. Nos acercamos a Lubián pero nos paramos antes de llegar a contemplar las cristalinas aguas del del arroyo del Porto.
Conseguimos alojamiento en casa rural Casa Irene, donde sellamos.
Cuando llegamos, nos atiende la señora como mejor puede pues está desbordada de trabajo y tiene la casa manga por hombro. Trabaja mucho, pero la situación la desborda.
Aseo personal, lavar y tender ropa, lavar las bicis, tomar unos botellines y encender lumbre en el salón. La mujer nos indica un método revolucionario para encender la chimenea: primero se pone el tarugo gordo de leña abajo, encima la leña medio gruesa y al final la fina. Tras intentarlo y no conseguirlo, lo acabamos haciendo como toda la vida se ha hecho, es decir, al revés. Y claro que prendió la lumbre. Ahora todos tan contentos y calentitos.
Cenamos, y a dormir en cama con sábanas limpias y en silencio.
Sellamos la credencial del peregrino en Asturianos, Requejo y Lubián.

domingo, 2 de mayo de 2010

2ª etapa. El Tera. 2-mayo-2010. Tábara-Rionegro del Puente

Distancia recorrida: 47,75 km.
V máx: 48,87 km/h.
V media: 13,78 km/h.

El día amanece encapotado, amenazante de lluvia, incluso caen tímidas gotas pero se quedará, finalmente, un soleado día.
Las flechas nos marcan la salida del pueblo y van marcando nuestros pasos en las encrucijadas de los caminos.
En una pista de guijarros, en medio de unas grandes y planas fincas donde pastan ovejas y su guardianes nos ladran, y casi se nos tiran encima a nuestro paso, pincha Pedro. Es una de las múltiples “pinchadas” que El Santo le otorgará en el transcurso del camino durante los próximos días.
Proseguimos a tenor del compás que marcan las flechas y realizamos unos tramos de subidas y bajadas muy divertidos por un territorio poblado de chaparros (y setas, que van saliendo en esta época, hasta en el mismo camino). Atravesamos Villanueva de las Peras, donde no se vé un alma por las calles. Sus construcciones son de adobe y la iglesia domina la zona más alta del pueblo. Creo que hay misa y no es plan el interrumpir el oficio al párroco para que nos selle la Credencial. No pasaremos por Bercianos de Valverde por hacer caso a las flechas y no a las guías que llevamos. Los intereses locales son así y prefieren que pasemos por ese pueblo y no por el otro.

En un desmedido afán de servir al peregrino se disputan el sentido de las flechas o se cuestionan que si el monolito indicador debería, o no, estar señalando un camino y no el otro...
Salimos por carreterilla en cuesta arriba y divisamos las bodegas a la salida del pueblo, que están realizadas en cuevas. Es curioso y está muy extendida esta costumbre por esta zona de Castilla.
Llegamos a Sta. Croya de Tera (En el albergue privado Casa Anita, de Sta. Croya de Tera no nos quisieron sellar porque dice que sólo lo hacen con los peregrinos alojados, con el pretexto de que como sus padres han trabajado tanto durante tantos años y no reciben ayudas ni subvenciones estatales, no quieren perder el tiempo con atender gratis a otras personas ajenas a su negocio. Mala justificación para una absurda conducta.)
Tienen, en este pueblo, un bonito parque con campo de fútbol de hierba natural que es una delicia. Lo recorremos hasta que salimos del pueblo, atravesamos por un puente el Tera y ascendemos hasta el siguiente pueblo, Sta. Marta de Tera, que está en la otra orilla. Nos topamos con una de las maravillas de este camino: la iglesia románica más antigua de Zamora.


Entre otras curiosidades tiene una estatua de Santiago peregrino que es un símbolo de esta Ruta. La visita a la iglesia nos guía y muestra una amable señora que nos deleita con su sapiencia y nos cobra 3 lereles a cada hijo de vecino.
Seguimos bordeando río Tera abajo por caminos llanos y cómodos en bosque de ribera hasta Calzadilla del Tera. Pedro habla con un “nativo” en bicicleta mientras le realiza una entrevista con el móvil grabando uno de los 18.000 vídeos que hará en estos días.
Seguimos, junto a un canal de riego, hasta Olleros del Tera. Comemos en Bar La Trucha. La señora Paca nos cuenta cómo trabajaron durante décadas en el negocio ofreciendo comidas con truchas que pescaba su marido en las frías y furtivas noches del estraperlo, ahora lo regentan su hija y nieta. Nos aconseja que vayamos a Mombuey, al hostal la Ruta.


También nos orientan el camino a seguir y nos comentan cómo lo han ido arreglando exigiendo a los políticos locales y regionales ayudas para sufragar los gastos que ocasiona el mantenimiento de un templo muy visitado y querido en la comarca. Salimos del pueblo hacia el Santuario de Nª Sª de Agavanzal con una fina llovizna sobre nuestra cabezas. El camino bordea el Tera, que baja con fuerza y coraje, como los habitantes de estos territorios según lo atestiguan las losas explicativas que encontramos en cada localidad y que una asociación se ha encargado de glosar en cada una. Un ascenso por pista pedregosa y con arroyeras profundas, junto a jaraleras y matorrales densos nos lleva hacia el embalse de Agavanzal. Aquí el Tera se detiene en un inmenso remanso con un paisaje muy digno de ser el lugar adecuado para realizar un acto simbólico del camino. Un amigo me dio una piedra para que la dejara en el lugar que estimara conveniente. Tras lanzarla a las profundidades del lago, se puso a llover, al igual que, en es instante, hicieran mis ojos.Bordeando el embalse por su margen derecha, comenzamos una leve ascensión a Villar de Farfón, donde leí que hay una iglesia con escalinata exterior para subir a su campanario, desde donde se observa una buena panorámica de los alrededores.
El camino se interna en el monte donde el agua y el barro están casados y se hace complicado el avance. Entre los chaparros y los matorrales Lucía tienen un problema mecánico, que tras un rato, los avezados mecánicos solucionan sin más. Hay montones de leña cortada recientemente por todos lados, un trabajo ímprobo pero gratificante cuando arrimas los tarugos a la lumbre en días fríos. El camino es precioso y la bajada es muy entretenida, al final se circula por prados de verde y fresca hierba.
Intentamos contactar con el hostal que nos recomendó la Sra. Paca pero nos dicen que está completo. Inconvenientes que nos acechan por el horizonte y que debemos resolver en breve ya que el albergue de Mombuey no es recomendable según nuestras referencias. Problemas de alojamiento nos obligan a quedarnos en el Albergue de Rionegro del Puente, que tiene muy buena pinta y está muy nuevo. Yolanda llegó con tiempo y se encargó de indicarnos que estaba allí para esperarnos. Al llegar y verlo tomamos posesión de literas, lo cual nos costó cierto trabajo puesto que algunos “peregrinos” se habían apropiado de alguna más para dejar sus enseres, haciéndonos creer que estaban ocupadas por otras personas. El personal tiene más jeta que un caballo con flemones...
Pasamos la tarde en el Bar Palacio, frente al albergue, donde nos trataron muy bien y nos ayudaron a conseguir alojamiento. Nos llegaron a ofrecer unas habitaciones que ellos tienen en una casa contigua. Cenamos allí y vimos el fútbol, repasamos notas, mapas, guías. Y nos fuimos a dormir. O, mejor dicho, intentarlo, porque lo que parecían “personas humanas” por la noche se transforman en jabalís, búfalos y aberronchos de diferentes localidades germánicas, galas e, incluso, hispánicas. Y es que los ronquidos parecían bufidos de alimañas apostadas en sus marañas montesas. Ni haciéndoles la ranita, ni arrastrando la silla ni golpeando la linterna contra la misma, ni hablándoles, lográbamos acallar el griterío ensordecedor. Y lo peor es que a las tres de la mañana tú no duermes ni descansas pero ellos sí.

Sellamos la credencial del peregrino en Tábara, Sta. Marta de Tera y Rionegro del Puente.

sábado, 1 de mayo de 2010

1ª etapa . Banderazo de salida. 1-mayo-2010. Zamora-Tábara

Distancia recorrida: 67,4km
Tiempo efectivo pedaleo: 4h 51 min.
V media: 13,89 km/h.

El día amanece despejado y sin nubes. Con sol. Presagia un buen recorrido.
Salida de Zamora con la íntima sensación de incertidumbre ante lo desconocido en un nuevo camino que se abre, por fín, delante de tí. Desayunamos en la cafetería de la plaza mayor, frente a la estatua del Merlú (Tradición de Semana Santa). Esta capital tiene una gran cantidad de joyas por visitar en forma de templos y edificaciones civiles que se mantienen en perfecto estado pese al paso de los siglos. Bajamos a la estación de ferrocarril a devolver el vehículo que sólo la casa de alquiler AVIS te permite entregar en Zamora, saliendo desde Madrid.




Salimos de la ciudad por la carretera N-630 hasta Riego del Camino. Seguimos las indicaciones que nos marcan las flechas amarillas.
El Camino continúa entre campos de mies, que están de un verde inmenso. Está muy bien señalizado, no es fácil perderse.

Llegando a Montamarta, paramos a ver la iglesia desde fuera y a hacernos unas fotos junto al monolito del Camino que está erigido al lado del templo. En medio de la plaza está plantado un "mayo" de elevada altura y con un muñeco de paja en lo alto. Es una costumbre ancestral que en Castilla se mantiene para celebrar la llegada del mes de las flores en la noche del 30 de abril al 1 de mayo.Seguimos por la orilla del embalse de Ricobayo, que está junto al pueblo, y nuestro querido y abigarrado PeterChampion decide que es el momento ideal de darse un bañito refrescante. Se despoja de su indumentaria y se lanza al agua como si dieran dinero por ello.
¡Qué ansia!
Recordamos que está cumpliendo la promesa que nuestra querida Marian dijo una noche de alegría etílica y en la cual prometió bañarse en el lago de Sanabria cuando pasáramos por él. Como ella está ahora postrada en su lecho de dolor, lesionada del tobillo, y no ha podido acompañarnos, lo hace su cuñado por ella, que es buena gente. Tras los aplausos del respetable ante tamaña "hazaña bélica", proseguimos el paseo. Y es que es un paseo muy agradable pedalear en un día excelente por caminos anchos y carreteras de tercer orden teniendo como compañía todos los pajaritos del campo, los grillos, y otros animales de dos patas que conforman el pelotón de peregrinos ciclistas en el que vamos integrados.
Comemos en Bar Pepe (Riego del Camino) unos fiambres y los consabidos botellines. Es una venta de carretera que se mantiene exactamente igual que hace cincuenta años, el tiempo no ha pasado por ella, pero sí por sus dueños: una señora que quiere jubilarse ya y su marido que nos indican el camino a seguir. A partir de aquí comienza la denominada Variante Sanabresa, que arranca en Granja de Moreruela y pasará por Puebla de Sanabria en lugar de subir hasta Astorga y enlazar con el Camino Francés. Pero por Granja de Moreruela no vamos a pasar ya que no nos recomiendan dar ese rodeo... Nos despedimos y la señora nos aconseja que a las chicas las tratemos bien y que no las peguemos. Esta frase dará mucho juego a lo largo del camino durante los próximos días. Nos aconseja que nos alojemos en Tábara, en el Centro de Turismo Rural El Roble y nos entrega un papel sellado por ellos a modo de salvoconducto. Así lo haremos. Seguimos la ruta desviándonos a la izquierda de la carretera que atraviesa el pueblo para seguir por pista cómoda, de arenisca y guijarros, entre trigales verdes y multitud de flores en las cunetas. Salimos a una pista asfaltada "con brea" como nos han dicho por aquí y salimos a otra pista terrera donde un pastor espera a que pasemos para cruzar con su rebaño, perro y su burro.
Tomamos un camino equivocado a la izquierda que asciende (Con la intención de tener un buena panorámica de lejos del Monasterio de Sta. Mª de Moreruela), mientras el pastor nos reprocha, desde la lejanía, nuestra cabezonería por desviarnos por una senda que no es la correcta. Como yo llevo los mapas e indican un camino a seguir por esa ruta, hacemos caso omiso al buen señor, y a otra señora que estaba viéndonos desde el caserío próximo, los cuales nos dejan por imposible mientras los perdemos tras una curva. Le comento a Lucía, en broma: “¡A ver qué le decimos al señor si tenemos que darnos la vuelta y regresar hacia donde estaba él por no haberle hecho caso! ”. Como si los Hados me hubieran escuchado, nos encontramos con el camino cortado por una alambrada y las puertas cerradas con candado que dan paso a una enorme gravera donde se extraen áridos. Vuelta atrás y nos topamos de nuevo con ambos. Paramos y hablamos con ellos. Yo, con fingido enfado y contrariedad, tiro al suelo los mapas con cierta violencia y, jurando en Arameo, quejándome amargamente por la inutilidad de dichos documentos. El asno del pastor se espanta mientras el buen hombre hace ademán de recogérmelos, asistiendo perplejo a tal actitud del ciclista enojado por no haberle echo caso...
Les despedimos agradeciéndoles la atención por guiarnos por el camino correcto. Seguimos las flechas en cada cruce, en cada piedra en cada árbol de la ruta.
El camino transcurre entre chaparros y un paisaje primaveral precioso hasta que llegamos a la carretera que conduce a Puente Quintos, sobre el río Esla. Tras pasar sobre él nos detenemos para dilucidar si continuar por carretera o por camino a la izquierda, indicando las cualidades de cada uno. El camino circula por un paisaje extraordinario, bordeando la recula del embalse de Ricobayo pero llega a una senda que se empina como nardo de mozo jóven y hay que empezar con el ”empújin” durante un buen trecho. Ésto desanima a casi todo el público, por lo cual, y por hacer piña y grupo, decidimos continuar por carretera para deleitarnos con le primaveral paisaje. He podido contemplar un corzo a mi izquierda en un trigal. Cuando nos ha visto, ha salido dando saltos hacia el arbolado de pinos colindante.
Paramos a “repostar” en el bar que hay pasada la iglesia de Faramontanos de Tábara, donde tomamos unos fiambres y queso bastante apetecibles. Tomamos café bombón y nos llevamos el bote de leche condensada para tener provisiones. Llamo para reservar en Tábara y ajustamos el precio por persona (16€).
Proseguimos hacia el final de la etapa y entramos a Tábara sobre las 18h. Nos alojamos en el Centro de Turismo Rural El Roble, donde nos ofrecen habitaciones en un edificio próximo al del Hotel-Restaurante. Nos hemos aposentado en las habitaciones y, tras asearnos, nos vamos a tomar unos botellines y echar una partida de futbolín. Después, paseíto para ver los monumentos del pueblo. Se cena bastante bien y a buen precio (Creo recordar que como les dijimos que desde Riego del Camino nos recomendaron este sitio, al final nos rebajaron a 15€ por dormir + 10€ cena / persona). (C/ Prado 3, 980 59 03 00 - 650 629 969 info@turismoruralelroble.com / elrobletabara@gmail.com)

Hemos sellado la credencial del peregrino en Riego del Camino y Faramontanos de Tábara, esto quiere decir que nos hemos encontrado con multitud de templos, y otros lugares, cerrados para sellar según pasábamos por las diferentes localidades de la ruta.